Enrique Fárez
Comunicación política e institucional

La foto oficial compite ahora con imágenes sintéticas que pueden parecer verdaderas a simple vista

person Enrique Fárez calendar_today 14 de septiembre de 2026
Fotógrafa institucional compara una imagen real con una recreación sintética claramente identificada.

Este artículo forma parte de la serie «El futuro del poder», una reflexión sobre cómo la inteligencia artificial está cambiando la imagen pública, la comunicación política y la confianza en las instituciones.

La foto oficial compite ahora con imágenes sintéticas que pueden parecer verdaderas a simple vista. La diferencia no siempre está en la calidad. Una fotografía real puede estar mal iluminada y una escena inexistente puede resultar impecable. El problema comienza cuando quien la recibe ya no sabe si está viendo un momento que ocurrió, una imagen retocada o una situación fabricada por completo.

Las instituciones y los dirigentes siempre han seleccionado el encuadre, la expresión y el escenario que mejor representan su mensaje. La edición tampoco es nueva: corregir luz, color o contraste forma parte del trabajo fotográfico. La IA acelera esas tareas y permite revisar centenares de imágenes en pocos minutos. También abre una puerta distinta: añadir personas, cambiar fondos, reconstruir gestos o producir una escena que nunca pasó.

La frontera importante no separa lo artesanal de lo automático. Separa la mejora de un documento visual de la invención de un hecho.

Una buena fotografía selecciona la realidad, no la sustituye

En El futuro del poder explico que cada detalle de una fotografía oficial contribuye a la percepción pública. La expresión, la postura, el uso de las manos y el contexto pueden transmitir seguridad, cercanía o renovación. También analizo cómo la IA puede elegir rápidamente las imágenes que contienen una interacción clara, corregir problemas técnicos y adaptar una misma fotografía a distintos formatos.

Esa capacidad es especialmente útil después de un acto. El equipo puede localizar el instante en que una explicación coincide con una reacción del público, preparar versiones horizontales y verticales y publicar mientras la noticia conserva interés. El resultado sigue procediendo de algo que ocurrió ante una cámara.

El salto aparece cuando la herramienta deja de ajustar la imagen y empieza a reescribir el acontecimiento. Eliminar un cable del suelo no tiene el mismo significado que llenar una sala vacía. Corregir una dominante de color no equivale a situar a un dirigente junto a ciudadanos con los que nunca habló. Suavizar el ruido de una fotografía antigua no es lo mismo que fabricar una visita oficial.

En comunicación pública conviene formular una pregunta sencilla: ¿la modificación cambia lo que una persona razonable entendería que sucedió? Si la respuesta es afirmativa, ya no estamos ante una mejora meramente técnica.

La tentación será grande porque las imágenes sintéticas permiten obtener exactamente la escena que el equipo desea. No hay miradas desviadas, fondos molestos ni gestos inoportunos. Pero esa perfección también puede borrar la información que la fotografía debía conservar. La imagen deja de documentar la actuación pública y se convierte en una representación publicitaria.

Esto enlaza con una idea desarrollada en el artículo sobre la vida posterior de los actos públicos: fotografías y vídeos construyen un archivo que permite comprobar qué se anunció y cómo ocurrió. Si el original desaparece o se mezcla con versiones fabricadas, la institución pierde parte de su memoria.

La transparencia necesita algo más que una etiqueta pequeña

Desde agosto de 2026, las obligaciones de transparencia del Reglamento europeo de IA exigen identificar los contenidos audiovisuales que constituyan deepfakes. La Comisión Europea explica que las imágenes, los audios y los vídeos generados o manipulados con IA deben divulgarse de forma clara cuando puedan confundirse con contenido auténtico.

La norma establece un suelo, no resuelve por sí sola toda la confianza. Una advertencia escondida al final de una página puede cumplir formalmente y pasar desapercibida cuando la imagen circula recortada. La institución debe pensar en la vida real del archivo: una captura puede viajar sin pie de foto, un medio puede descargarla y una red social puede eliminar parte de sus metadatos.

Por eso la trazabilidad debe acompañar al contenido. Conviene conservar el original, registrar las ediciones relevantes y mantener una versión oficial accesible. Los estándares de credenciales de contenido de C2PA permiten incorporar información verificable sobre la procedencia y el historial de una imagen. No demuestran que todo lo representado sea verdadero, pero ayudan a saber quién publicó el archivo y qué transformaciones declara.

La ausencia de una credencial tampoco prueba que la imagen sea falsa. Las cadenas de procedencia pueden romperse al exportar, comprimir o reenviar. La solución no consiste en atribuir a una etiqueta técnica una certeza que no posee, sino en combinarla con archivos originales, identificación editorial y canales oficiales.

La propia imagen debería ofrecer contexto cuando la modificación sea sustancial. Si una administración utiliza una recreación para mostrar cómo quedará una plaza, debe decir que es una simulación. Si genera una ilustración sobre un servicio futuro, debe evitar presentarla como una fotografía de usuarios reales. El público puede aceptar una imagen sintética; lo que deteriora la confianza es descubrir después que fue presentada como documento.

La inteligencia artificial también puede ayudar a proteger esa autenticidad. Puede comparar versiones, detectar alteraciones y localizar dónde empezó a circular una copia engañosa. Sin embargo, los detectores tienen límites y no deberían convertirse en jueces automáticos. La mejor defensa sigue siendo publicar pronto una fuente reconocible y conservar una cadena documental clara.

La imagen oficial debe poder sostener una pregunta

Una fotografía institucional no necesita ser neutral ni espontánea. Tiene un propósito comunicativo y selecciona una mirada. Lo que sí necesita es poder sostener una pregunta básica: ¿esto ocurrió de la manera que la imagen sugiere?

La IA puede ayudar a elegir, ordenar, restaurar y adaptar imágenes sin romper ese pacto. Incluso puede utilizarse para crear piezas abiertamente ilustrativas cuando la finalidad esté clara. El límite aparece cuando la eficacia visual se consigue atribuyendo al mundo un hecho inexistente.

Como señalaba al hablar de discursos y credibilidad, la tecnología puede mejorar la forma, pero no prestar una confianza que la conducta no ha construido. Con las imágenes sucede lo mismo. Un retrato sintético puede ser más atractivo que una fotografía real, pero no puede demostrar cercanía, escucha o liderazgo.

La síntesis es esta: la foto oficial seguirá siendo una herramienta de representación, pero deberá distinguir con claridad entre edición, recreación y documento. Conservar los originales, declarar las alteraciones sustanciales y ofrecer procedencia verificable no reduce la creatividad. Protege el valor público de una imagen en un momento en que verla ya no basta para creerla.

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