ChatGPT ya responde sobre alcaldes y gobiernos, aunque sus páginas oficiales digan otra cosa

Este artículo forma parte de la serie «El futuro del poder», una reflexión sobre la información institucional en ChatGPT y sobre cómo la inteligencia artificial está transformando la comunicación pública, el liderazgo institucional y la relación entre las administraciones y la ciudadanía.
La información institucional en ChatGPT empieza muchas veces con una pregunta cotidiana. Una persona quiere saber si su ayuntamiento ofrece ayudas para instalar placas solares. Hace unos años habría entrado en Google, abierto varios enlaces y tratado de localizar la convocatoria correcta.
Ahora puede formular la pregunta directamente a ChatGPT, Gemini o cualquier otro asistente con acceso a internet. En pocos segundos recibirá una respuesta ordenada: quién puede solicitar la ayuda, cuánto dinero ofrece y cuándo termina el plazo.
Puede que no visite la página del ayuntamiento. Puede incluso que no compruebe las fuentes.
Si la respuesta está equivocada, para esa persona la información errónea será, inicialmente, la versión de la institución.
Hemos pasado de buscar información a recibir una respuesta
El buscador tradicional presentaba una lista de páginas. El usuario debía elegir cuál abrir, leerla y decidir si resultaba fiable.
Los nuevos buscadores y asistentes realizan parte de ese trabajo. Localizan varias fuentes, seleccionan fragmentos, los comparan y producen una respuesta.
ChatGPT Search se presentó precisamente como una forma de obtener información actualizada mediante una conversación, acompañada de enlaces a las fuentes utilizadas. OpenAI explica que estas respuestas combinan búsqueda y síntesis de información procedente de la web.
Google está siguiendo una dirección similar con AI Overviews y AI Mode. Su documentación explica que estas funciones pueden realizar varias búsquedas relacionadas para construir una respuesta y mostrar enlaces que la respalden. Google describe este proceso como una búsqueda distribuida entre diferentes temas y fuentes.
El cambio parece pequeño, pero altera profundamente la comunicación institucional. La institución ya no compite solamente por aparecer en la primera página de Google. Compite por formar parte de una respuesta elaborada por un sistema que decide qué fuentes utilizar, qué información resumir y qué elementos omitir. La gente ya se informa sin entrar necesariamente en la web de la fuente.
La información institucional en ChatGPT no siempre procede de la web oficial
Podríamos pensar que una inteligencia artificial siempre dará prioridad a la web oficial de un ayuntamiento, un cabildo o un gobierno. No necesariamente.
La página puede estar desactualizada, bloqueada para determinados rastreadores o construida de manera que resulte difícil localizar la información. Puede contener un PDF escaneado, una nota de prensa antigua o una convocatoria cuyo estado actual no aparece claramente identificado.
Mientras tanto, un medio de comunicación, una asesoría o un blog especializado puede haber publicado una explicación más clara. La IA puede utilizar esa fuente porque responde mejor a la pregunta, aunque no sea la responsable de la medida.
Esto produce una situación incómoda: la información oficial existe, pero la explicación de un tercero resulta más accesible y termina condicionando la respuesta.
Además, cumplir todas las recomendaciones técnicas no garantiza que una página sea seleccionada. Google advierte expresamente que una web puede estar correctamente indexada y respetar todas las buenas prácticas sin que eso asegure su aparición en una respuesta generada. La selección continúa dependiendo del sistema, la consulta y las fuentes disponibles.
Las instituciones no pueden controlar completamente lo que responderá una IA. Sí pueden evitar que su propia información sea la fuente más confusa de todas.
El problema de las distintas versiones oficiales
Una institución puede publicar información verdadera y, aun así, generar contradicciones.
Imaginemos una ayuda que comenzó con un presupuesto de dos millones de euros y posteriormente se amplió a tres. La nota de prensa inicial continúa en la web. La noticia sobre la ampliación también. El PDF de la convocatoria conserva la primera cifra y una entrevista del responsable político menciona la segunda.
Para una persona que conozca el proceso, no existe contradicción: son momentos diferentes. Para una inteligencia artificial que encuentre los contenidos sin entender la secuencia completa, puede haber dos respuestas posibles.
Algo parecido ocurre con los plazos. Una convocatoria finalizada puede continuar apareciendo en los buscadores porque tuvo mucha repercusión. Si la página no muestra claramente que está cerrada, la IA puede presentar información antigua como si continuara vigente.
No basta, por tanto, con que cada contenido fuese correcto el día en que se publicó. La institución necesita mantener una versión actual y explicar cómo se relaciona con las anteriores.
La web institucional suele hablar como se organiza la Administración
La ciudadanía no suele llegar a una web institucional pensando en departamentos, procedimientos u órganos administrativos. Llega porque quiere saber si puede solicitar una ayuda, qué cantidad podría recibir, qué documentos debe presentar o cuánto tiempo tiene para hacerlo. Y, cuando algo se retrasa, necesita encontrar rápidamente quién puede informarle y qué pasos debe seguir.
Son preguntas sencillas, pero con frecuencia las respuestas aparecen repartidas entre una resolución, una noticia antigua, un formulario y varias páginas de la sede electrónica. Ese diseño reproduce la estructura administrativa, pero no resuelve la necesidad del usuario. También dificulta el trabajo de las inteligencias artificiales, que necesitan identificar una respuesta clara entre documentos dispersos.
La solución no consiste en simplificar hasta eliminar la precisión jurídica. Consiste en separar las funciones.
La resolución debe seguir estando disponible. Pero debería existir también una página explicativa que traduzca su contenido a preguntas reales, indique el estado actual del procedimiento y enlace directamente a la fuente jurídica.
Una buena página institucional debería permitir que una persona entendiera lo esencial sin perder la posibilidad de comprobar el detalle.
GEO no debería significar manipular a ChatGPT
La optimización para buscadores generativos, conocida como GEO, ha aparecido como respuesta a este cambio. Su objetivo es mejorar la visibilidad de una fuente dentro de las respuestas creadas por sistemas de IA.
La investigación que formuló inicialmente este concepto mostró que la visibilidad dentro de una respuesta generativa no funciona como el posicionamiento clásico: una fuente puede aparecer citada, influir en una frase o quedar relegada aunque sea relevante. El estudio también observó que la presencia de datos verificables, fuentes y citas podía mejorar la visibilidad, aunque los resultados variaban según el tema. El trabajo fue presentado en KDD 2024.
Para una institución pública, GEO no debería consistir en introducir frases diseñadas para manipular una respuesta o lograr que la IA elogie a un gobierno.
Debería entenderse como una disciplina de claridad pública: conseguir que la información oficial pueda encontrarse, comprenderse, verificarse y citarse correctamente.
La diferencia es importante. Una empresa puede buscar visibilidad para vender un producto. Una Administración debe buscar que la ciudadanía reciba información correcta, incluso cuando esa información no resulte políticamente favorable.
Qué tendría que cambiar una institución
Mejorar la información institucional en ChatGPT exige identificar una fuente principal para cada asunto. Si una ayuda, obra o decisión pública aparece en diez páginas, una de ellas debe contener el estado actualizado y enlazar las versiones anteriores. Este trabajo se apoya en una organización más sólida del conocimiento de la administración. Esa fuente principal necesita fechas con significado. No basta con indicar cuándo se publicó una noticia: conviene mostrar cuándo se revisó la información, si continúa vigente y qué ha cambiado desde la actualización anterior.
La explicación también debe responder con claridad a las dudas reales. La información importante ha de estar disponible como texto, no solo dentro de una imagen o un PDF. Google recomienda expresamente que los contenidos esenciales sean accesibles en formato textual y que los datos estructurados coincidan con lo que ve el usuario.
También hay una dimensión técnica. OpenAI señala que una web pública puede aparecer en ChatGPT Search y recomienda no bloquear OAI-SearchBot si se quiere que el contenido pueda encontrarse, resumirse y citarse. La compañía diferencia este rastreador del utilizado para el posible entrenamiento de modelos. La documentación para editores explica esta separación.
Estas cuestiones necesitan coordinación entre comunicación, informática, transparencia, atención ciudadana y las unidades responsables de cada servicio. Ya no pueden considerarse únicamente un trabajo de posicionamiento web.
La institución debería preguntar a las IA qué saben sobre ella
La calidad de la información institucional en ChatGPT también debe comprobarse. Existe una prueba sencilla que cualquier administración puede realizar. Puede seleccionar las preguntas que la ciudadanía formula con más frecuencia y plantearlas periódicamente a distintos asistentes. Puede preguntar por las ayudas de vivienda, las calles afectadas por una obra, los requisitos de un servicio o la vigencia de una convocatoria.
Después debería registrar qué respondió cada sistema, qué fuentes utilizó, cuándo estaban fechadas y qué errores aparecieron. El objetivo no es elaborar una clasificación de inteligencias artificiales, sino descubrir qué información pública está funcionando y dónde existen vacíos, contradicciones o contenidos obsoletos. Esa comprobación forma parte de una escucha institucional más amplia antes de decidir y comunicar.
Esa revisión también permite detectar cuándo la fuente principal de una respuesta no es la institución, sino una noticia antigua o una página comercial. En ocasiones, el tercero explicará mejor el asunto. En otras, estará difundiendo datos que ya no son válidos.
No se trata de controlar todas las respuestas
Ninguna institución podrá decidir completamente qué dirá ChatGPT sobre un alcalde, una política pública o una controversia. Tampoco debería intentarlo.
Los asistentes deben poder utilizar fuentes independientes, críticas y periodísticas. La versión oficial no es la única que existe ni siempre es la más completa.
Lo que sí corresponde a la institución es asegurar que los hechos que dependen de ella estén disponibles de manera clara: importes, plazos, requisitos, decisiones adoptadas y documentos que las sustentan.
Antes, una página confusa obligaba al ciudadano a llamar por teléfono o buscar otro enlace. Ahora puede convertirse en el material con el que una inteligencia artificial construya una respuesta equivocada para miles de personas.
Las instituciones ya no publican solamente para lectores humanos. Publican también para sistemas que reinterpretan su información y la presentan fuera de su contexto original.
Por eso, mejorar la información institucional en ChatGPT mediante una web ordenada, contenidos actualizados y respuestas claras ya no es una mejora técnica. Es una nueva responsabilidad de la comunicación pública.